Simplicidad

Alguna vez leí el libro «El silencio de los corderos» de Thomas Harris y, por supuesto vi la película. El Doctor Lecter intentando orientar a Clarice le invita a seguir un consejo del emperador Marco Aurelio, diciéndole que se limite a la simplicidad.

Conforme pasa el tiempo, los seres humanos hemos complicado la vida, la hemos hecho más difícil de vivir y, por lo tanto de disfrutar.

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miércoles, 18 de enero de 2012

El sentido de la felicidad

No puedo dejar de lado lo más importante:
«La vida vale la pena vivirse».

El mundo es cruel, por supuesto.
La vida es injusta, de ello no hay duda.
El sufrimiento es el pan diario de muchos seres humanos, está claro.
Pero, bien vale la pena vivir, porque es la única manera en que puedo gozar.
Los seres humanos queremos ser felices y eso es legítimo, es algo que tiene sentido. Pero la felicidad no es algo que se consigue, es sólo la manera en que gozamos, disfrutamos, acariciamos y atesoramos los hermosos momentos de la vida. La felicidad es algo que nos está reservado para la vida eterna. En esta vida sólo tenemos la posibilidad de gozar, disfrutar, alegrarnos y saborear la belleza de las cosas maravillosas que hay en el mundo y las que provocan las personas que nos rodean.
La felicidad no la puedo definir como la consecusión de un bien para mí, sino como la capacidad para gozar y disfrutar lo que tengo, lo que soy, lo que hago, lo que me rodea. Y por supuesto, Jesús nos orienta en el sentido de que la felicidad plena, la que no termina ni tiene limitantes sólo está reservada para la eternidad. Pero, desde ahora, podemos tener esos flashazos que nos indican que hay algo mejor más allá de lo que vemos. Sólo que somos impacientes y queremos tenerlo todo y ya y, eso no es posible.

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